Pregunta seria: ¿Puede la IA crear seres digitales que tengan su propia conciencia y agenda?

Pregunta seria: ¿Puede la IA crear seres digitales que tengan su propia conciencia y agenda?

(27 de noviembre, 2023, con información de GeekWire). ¿La inteligencia artificial va a estar al servicio de la humanidad o va a dar paso a nuevas especies de seres digitales conscientes con su propia movida?

Es una pregunta que ha inspirado un montón de historias de ciencia ficción, desde “Colossus: The Forbin Project” en 1970, hasta “The Matrix” en 1999, y la peli de este año donde la IA se enfrenta a los humanos, “The Creator”.

La misma pregunta también estaba rondando en el lío de liderazgo de OpenAI — donde el CEO Sam Altman se impuso sobre los miembros del consejo sin fines de lucro que lo habían despedido una semana antes.

Si tuvieras que dividir a la comunidad de IA entre los que quieren acelerar y los que prefieren ir más despacio, esos miembros del consejo estarían en el grupo del “vamos con calma”, mientras que Altman sería de los que dicen “a todo gas”. Y ha habido rumores sobre la posibilidad de un “descubrimiento” en OpenAI que aceleraría el campo de la IA a toda máquina — tal vez demasiado rápido para nuestro propio bien.

¿Debería preocuparnos la idea de que la IA se vuelva consciente y tome cartas en el asunto? Esa es solo una de las preguntas que aborda el veterano escritor de ciencia George Musser en un libro recién publicado titulado “Poniéndonos de nuevo en la ecuación”.

Musser entrevistó a investigadores de IA, neurocientíficos, físicos cuánticos y filósofos para entender la búsqueda de uno de los misterios más profundos de la vida: ¿Cuál es la naturaleza de la conciencia? ¿Y es un fenómeno exclusivamente humano?

¿Su conclusión? No hay razón para que la IA adecuada no pueda ser tan consciente como nosotros. “Casi todos los que piensan en esto, en todos estos campos diferentes, dicen que si replicáramos una neurona en silicio — si creáramos una computadora neuromórfica que fuera muy, pero que muy fiel a la biología — sí, sería consciente”, dice Musser en el último episodio del podcast Fiction Science.

Pero, ¿deberíamos preocuparnos por permitir el ascenso de futuros señores de la IA? En esa pregunta existencial, la opinión de Musser va contra el guion típico de ciencia ficción.

“Creo que las máquinas tontas, las máquinas no conscientes, como se ha demostrado en el mundo actual, son extremadamente peligrosas y bastante capaces de aniquilar a la humanidad. Las máquinas conscientes no añaden ninguna capacidad particular que, al menos en mi opinión, aumente su peligro para la humanidad”, dice.

“Si acaso, creo que probablemente el peligro sea al contrario: que nosotros las maltratemos”, dice Musser. “Eso también es parte, por desgracia, de la historia de los seres humanos. Tendemos a maltratar, hasta que superamos eso, a seres que claramente son conscientes.”

Las capacidades de herramientas de IA generativa como el ChatGPT de OpenAI no son una gran sorpresa para aquellos que investigan en el campo — pero Musser dice que los investigadores se han sorprendido de lo rápido que se están desarrollando.

Compara el progreso en IA con el progreso en la fusión nuclear. “Es una de esas cosas que siempre parece estar en el futuro, ¿verdad?” dice. Pero en el caso de la IA, el futuro parece estar menos lejos.

“Adelanta el cronograma en la mente de muchas personas para lo que se conoce como AGI”, dice Musser. “Eso es inteligencia general artificial, y es un sistema que es capaz de una amplia gama de funciones, de aprender sobre la marcha. Básicamente un sustituto más cercano de un animal, o incluso de un cerebro humano, o incluso superhumano. Así que creo que ha acelerado las cosas, pero ha sido un cambio cuantitativo, no cualitativo para la gente.”

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Imágenes: MM con imágenes de Pixabay.

Robots entre nosotros (2da parte)

Robots entre nosotros (2da parte)

(19 de noviembre, 2023). Fernando Nunez-Noda, Director de Maquinamente (Link a la 1er parte)

Los Robots en la Literatura y el Cine (2da parte)

(Atención: Puede haber spoilers.)

Pero los robots interesantes son los que se parecen a nosotros y, paradójicamente, tienen el potencial de hacernos añicos (así somos). Tomemos Terminator con Arnold Schwarzenegger por ejemplo. Son androides, es decir, robots humanizados que caminan, sujetan objetos, ven, escuchan y hablan, también son capaces de sensaciones táctiles.

Vale decir que ya hay androides entre nosotros, como ASIMO (suena como un tal Isaac y su foto está a la derecha), fabricado por Honda y capaz de un rango bastante amplio de movimientos. Camina como ningún robot hasta ahora, sube y baja escaleras, sortea obstáculos, reconoce objetos e incluso rostros. Responde a sonidos y cambios diversos en sus alrededores.

En cambio el de Robocop (1987) es un cyborg, al igual que Darth Vader de la famosa Guerra de las Galaxias. Son humanos a quienes se les han incorporado elementos robóticos para completarlos o mejorarlos. El primero está del lado de la ley pero no deja de tener profundos conflictos por su condición mixta. El segundo es un villano que aprovecha al máximo sus atributos robóticos para aplastar a sus enemigos.

Tan temprano como 1941, el autor estadounidense Isaac Asimov usó por primera vez el término “robótica” y predijo el advenimiento de la industria de los autómatas. En su libro de cuentos I, Robot (del cual se hizo una película en 2004 con Will Smith) Asimov expuso las famosas “3 Leyes de la Robótica”:

Primera Ley: “Un robot no hará daño a un ser humano, ni permitirá con su inacción que sufra daño.” Segunda Ley: “Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.” Tercera Ley: “Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.”

Luego le agregó una Ley Cero: “Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.”

El argumento de “I, Robot” sigue una línea común en las historias de entidades cibernéticas autoconscientes: llegan a equiparse con los humanos, sus creadores, y por supuesto en algún momento quieren independizarse y ser realmente autónomos socialmente. Un equivalente, quizá, a la emancipación de los esclavos.

Antes hablé de 2001 Odisea Espacial. Es bueno notar que HAL-9000, la computadora inteligente de la nave, tiene un conflicto ético cuando se le obliga a mentir y, eventualmente, a asesinar para poder cumplir una misión que los astronautas no conocían.

Más ligeros, aunque no ajenos a conflictos morales y de conciencia, son los autómatas de Star Wars. C3PO es un androide pero R2D2 o BB8 son “droides”, es decir, capaces de inteligencia humana pero sin aspecto humano.

Blade Runner (1983) es una obra maestra del director Ridley Scott (basada en un cuento de otro genio de la sci-fi, Phillip K. Dick) plena de dramatismo del lado de los humanoides. Fabricados a imagen y semejanza de sus creadores, capaces de razonamientos profundos y emociones, los androides de esta película son –en muchos sentidos- más humanos que los humanos mismos. El problema es que tienen un tiempo de vida prefijado y corto. En un mundo sucio, superpoblado y deprimente, el detective se da cuenta que sus perseguidos robóticos aprecian mucho más la vida que él mismo y tienen un sentido poético de la existencia que se ha perdido en ese mundo distópico.

The Matrix (1999) ofrece un tipo muy diferente de robots. Digamos: seres hechos de realidad virtual, en un mundo simulado que esconde una absoluta tiranía de las máquinas, de las computadoras que usan a los humanos como baterías vivientes y a cambio le dan la apariencia de realidad cotidiana.

En esa película el robot es también un universo ilusorio que unos pocos rebeldes tratan de desmantelar para vivir algo más real y propio. Un eco -quizá- de la ilusión del mundo que denunció Buda y a la cual hay que renunciar con una nueva conciencia con la realidad.

Decíamos, pues, que Turing se preguntó si los cerebros electrónicos llegarían a ser inteligentes. La inteligencia humana deduce, induce, infiere, imagina, adivina, especula. En 1997 Deep Blue, un sistema computacional de IBM, «derrotó» a Gary Kasparov -campeón de entonces y acaso el mejor jugador de todos los tiempos- en un match de ajedrez de varias partidas. Deep Blue produce millardos de configuraciones complejas a partir de reglas simples que se agregan y concatenan, de modo que parecen realizadas, no sólo por un humano, sino por uno superdotado. Eso sí, sólo en ajedrez.

Lo más pertinente sería pensar que Deep Blue sí demuestra inteligencia, pero no enteramente suya, sino “prestada” de sus creadores y programadores. En otras palabras, quienes ganaron fueron los creadores de los algoritmos, las reglas que sigue el sistema en todos los casos posibles. En sucesivos intentos, Kasparov no pudo derrota a su némesis electrónica.

Deep Blue no es solo una prolongación de las capacidades ajedrecísticas de sus programadores, sino una superación de sus limitaciones, dado que puede procesar información como no pueden sus hacedores individual o colectivamente. Además, Deep Blue es capaz de responder a muy complejas estrategias de engaño y sutileza. Puede simular, cambiar de plan sobre la marcha. Un genio, pues.

Kasparov protagonizó otros dos matches, en 2003, contra programas computacionales distintos a DeepBlue. Ambos resultaron tablas. En 2006 el campeón mundial de entonces, Vladimir Kramnik, jugó contra un”nieto” de DeepBlue llamado Deep Fritz. La computadora le ganó 4 juegos a 2. Wikipedia da cuenta que, según conocedores, en la última partida sencillamente lo aplastó.

Parece que la distancia crecerá a favor de la computadora como ya ha ocurrido en tantas áreas. El campeón mundial actual, el hindú Viswanathan Anand, tiene un puntaje ELO en la Federación Mundial de Ajedrez de 2.817. Un “motor ajedrecístico” de 2010, llamado Rybka, tiene un ELO estimado de 3.200 puntos. Y actualmente, por cierto, hay programas que corren en móviles a nivel de Gran Maestro.

En 2011 IBM probó Watson, una súper computadora de notoria cultura general y especializada, capaz ya no de responder a un limitado conjunto de mensajes prefijados, sino al lenguaje natural. Ese año participó en igualdad de condiciones en el programa de TV Jeopardy y lo ganó resonantemente. Como sabemos, en ese show las preguntas son ambiguas, muy variopintas, con juegos de palabras que hacen que sus ganadores sean personas muy preparadas y especiales. ¿Qué nos dice esto de los cerebros electrónicos?

El traslado de inteligencia fuera de la mente, a cerebros mecánicos que imitan algunos aspectos no tan rudimentarios del pensamiento, es lo que llamamos «inteligencia artificial». Estamos, eso sí, a enorme distancia de un pensamiento artificial autónomo, inductivo o emotivo, pero hay razones para celebrar los triunfos sobre campeones de ajedrez o concursantes nerds. Eso revela el poder de la inteligencia combinada y condesada fuera del cerebro para que «piense» por sí misma.

Epílogo

Por tanto, hay dos visiones. Una optimista: los robots nos facilitarán la vida, sustituirán al humano en todo tipo de tareas peligrosas o tediosas, nos ayudarán a ganar guerras contra terroristas, a conquistar planetas fuera del nuestro y una largo etcétera.

Los profetas del desastre resaltan los dilemas éticos, el enorme desempleo que provocarán, la tiranía de las tostadoras inteligentes para que no comamos panes genéticamente modificados y un eventual enfrentamiento cuando –cual replicantes de Blade Runner- reclamen independencia y posiblemente supremacía.

Y un científico loco diría, alumbrado desde abajo con una linterna: “¡Las máquinas malévolas nos alcanzan ja ja ja ja!”. Ahora son móviles e inmateriales…

(Link a la 1ra parte).

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Imagen: MM.

Robots entre nosotros (1era parte)

Robots entre nosotros (1era parte)

(17 de noviembre, 2023). “Bienvenido hijo mío/ Bienvenido a la Máquina” (Pink Floyd)

Fernando Nunez-Noda, Director de Maquinamente

La actitud de la gente hacia la tecnología es paradójica, e injusta. Si no se piensa en ella, parece un regalo del cielo, un componente indispensable de la calidad de vida (la luz eléctrica, automóviles, los dispositivos conectados). Pero al darle un matiz moral la demonizamos y aquí los robots no se salvan. Le atribuimos una especie de vida paralela, generalmente encarnada en una máquina malévola que sonríe en la oscuridad.

Stanley Kubrick entendió muy bien este mito en un film legendario, 2001: una odisea espacial (1968) y dotó a HAL-9000, la computadora reflexiva y asesina, de un salón donde los pensamientos eran luces rojas que se encendía y apagaban. Cuando se le asocia una voluntad propia, la ciencia termina siendo un villano (el monstruo de Frankenstein o los replicantes de Blade Runner).

En el fondo esta tendencia revela que la tecnología es expresión directa de la voluntad humana. Es una extensión de nuestras propias capacidades físicas y mentales que evolucionan fuera del cuerpo. El reino animal nos lo muestra. El murciélago tiene un radar en su minúsculo cerebro, el ser humano lo construye y lanza satélites que hacen rebotar las ondas por todo el planeta. Al murciélago le toma millones de años, los humanos no tienen más remedio (guerras mundiales, ambición económica) que construirlo en apenas un siglo.

De acuerdo con esta lógica, un cerebro del tamaño de un balón de basquetbol podría esperarse dentro de cientos de años, pero actualmente no hay tiempo que perder y por eso hemos llegado a internet y sus 52.954 Gigabytes de tráfico por segundo, en todo el mundo, todo el tiempo.

La Fascinación Robótica

Hubo intentos en la antigüedad y eras más recientes. Los griegos antiguos ya habían soñado con autómatas, Leonardo Da Vinci diseñó uno en 1495 aunque, desafortunadamente, no pudo construirlo.

El primer antecedente de una computadora moderna fue la máquina analítica del británico Charles Babbage, a mediados del siglo XIX. Una mujer, Augusta Ada Byron hija del poeta Lord Byron, desarrolló el “software”. Ambos son pioneros en la moderna concepción de una máquina de cálculo automática.

Por esa época se inventó el telégrafo, la versión más minimalista de internet. Al principio con alambres y luego también por el aire. En 1889 el estadounidense Herman Hollerith construyó la primera computadora electromecánica: un sistema de tabulación con tarjetas perforadas que tuvo vigencia hasta mediados del siglo XX. La empresa de Hollerith, luego de fusionarse con otras, llegó a ser IBM.

En el siglo XX se cristalizó todo. El checoslovaco Karel Čapek usó por primera vez el término “robot” en una obra teatral. Se construyó ENIAC, la primera computadora electrónica, para el Ejército de EEUU. Más tarde Claude Shannon, un ingeniero de IT&T, desarrolló el “bit” como unidad de información digital compuesta exclusivamente de ceros y unos en incontables combinaciones.

El evento pivotal vino con Allan Turing, cuya experiencia fue llevada a la pantalla en el film The Imitation Game (2014) con Benedict Cumberbatch. En la tercera década del siglo XX Turing desarrolló las ciencias de la computación con metodologías y fórmulas para computar los números, de forma que produjesen resultados bajo hardware y software.

Turing llegó a preguntarse si los cerebros electrónicos podrían, algún día, ser inteligentes. Formuló su célebre «prueba de Turing», consistente en un «juego de imitación» por el cual la máquina «engaña» al participante y le hace pensar que sus respuestas las elabora un humano. Éste hacía preguntas directas y unívocas a dos dispositivos, uno automático y otro manejado por humanos. Quien participa de la prueba no sabe cuál es cuál.

Se prueba así hasta qué punto la máquina es capaz de responder sin que sea posible deducir si es una máquina o un humano.

Otro personaje interesante fue el matemático Norbert Wiener, quien publicó en 1948 el libro Cibernética en el que describe con las mismas ecuaciones a los seres vivos, a las máquinas y –en general- a los sistemas autorregulables.

Para la cibernética los procesos son informacionales. Wiener le dio primacía al concepto de “retroalimentación” ( feedback), que describe un ciclo de información. Una computadora no está viva, ni es inteligente, pero es un dispositivo autorregulable que recibe información del ambiente y modifica su conducta en consecuencia.

Los robots, pues, imitan la vida humana: son autorregulables, reciben, procesan y generan información, tienen ciclos de vida y, con la debida programación, alcanzan importantes niveles de inteligencia artificial y autonomía.

 

 

No todos los Robots son Creados Iguales

Los robots se agrupan en tres grandes categorías: los domésticos, los industriales y los humanoides. Uno siempre habla de robots como seres antropomórficos, tipo el monstruo de Frankenstein, o más cibernéticos como el Bicentennial Man, del film que protagonizó Robin Williams en 1999.

Pero los hay de muchos tipos. Alexa de Amazon o Google Home son asistentes automatizados, si se quiere buenos conversadores, pero no se desplazan o atenazan objetos. En Home Depot, por ejemplo, hay termostatos WiFi manejados desde apps en iOx y en Android. Los dispositivos están conectado 24×7 a la red y tienen direcciones propias, de forma que en segundos reciben y procesan nuestras instrucciones: subir o bajar temperatura, apagarse, etc. Igual con luces, puertas de garaje, lavaplatos, etc.

Son robot y minirobots domésticos, en nuestros propios hogares, con nuestros objetos cotidianos. Según Statista 23% de los hogares en EEUU. estarán bajo el segmento de “control y conectividad”, léase: robótica en la casa. Para 2023 se estima una penetración mayor de 50%.

Hasta Disney, tan alejado de la polémica tanto como pueda, muestra en Smart House de 1999 una casa con personalidad maternal que pronto comienza a tomar las cosas en sus propias manos y el resultado es un caos.

Es decir, siempre subyace el espíritu de Frankenstein o del Hermano Mayor de George Orwell: las preocupaciones como la invasión de la privacidad, el control gubernamental y la dependencia excesiva en lo automatizado. Y peor aún: hacking. Si alguien penetra en el sistema de control de una casa inteligente puede abrir puertas, inhabilitar alarmas y ni qué decir de un bromista que provoque desventuras a los pobres residentes.

Por los momentos lo peor que puede hacer mi tostadora es quemarme el pan (y no voluntariamente).

En el mundo industrial o científico, los robots “articulados” son aquellos que imitan extremidades y coyunturas humanas, pero no pueden desplazarse por sí solos. Casi siempre están fijos, para ensamblar automóviles o apoyar la exploración submarina; o bien sobre ruedas para explorar un planeta como Marte. Son poco habladores.

Los ‘cartesianos’ tienen extremidades con pinceles, cortadoras u otros adminículos que van en sentido de los ejes X, Y y Z. es decir, hacia arriba-abajo, derecha-izquierda o frente-atrás. Pueden combinarse con los anteriores e imitan los brazos y manos para diversas tareas de precisión. Por ejemplo, con cortadores y hojillas sirven para modelar objetos 3D.

Hay muchas otras variedades: SCARA, teleoperados (como los drones) o de ‘augmenting’ (manejados por los humanos como extensiones de brazos o manos, por ejemplo, para desactivar explosivos a distancia.)

En un artículo pasado comenté: “En EEUU. para 2030 cerca de la mitad de los trabajos [de manufactura y servicios] podría estar en las metálicas manos de autómatas y computadoras. Los expertos advierten que la sociedad tiene que tomar medidas urgentes y contundentes en áreas como la educación (código en las escuelas, por ejemplo); seguridad social, creación de empleos no amenazados por la automatización y aspectos éticos como, aunque no lo crea, las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov.”

(Link a la segunda parte).

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Imagen: MM.

Inteligencia Artificial reta al pensamiento creativo

Inteligencia Artificial reta al pensamiento creativo

(8 de noviembre, 2023. Fuente: quepasaenvenezuela.org). En un mundo en constante evolución, donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la Inteligencia Artificial (IA) surge como una herramienta fundamental en múltiples esferas, incluida la creatividad.

El debate sobre si esta tecnología va a reemplazar o no los puestos de trabajo, va quedando a un lado, mientras empresas y profesionales se preparan para sacar el mayor provecho, utilizándola para impulsar y optimizar sus procesos creativos.

“La cuestión ya no gira en torno a si las IAs desplazarán o no al trabajo humano, sino a cómo podemos entablar una colaboración enriquecedora con ellas para simplificar nuestras vidas. Un paso inicial para lograr esta sinergia es asegurarnos de que los clientes tengan una visión clara de sus objetivos. La IA no solo contribuye a definir estos objetivos con mayor precisión, sino también aporta ideas innovadoras que amplían los horizontes tradicionales”, comentó Ana Lopera, Senior Account Manager – L3 de PGD.

La IA se ha convertido en una herramienta para profesionales creativos, brindándoles la capacidad de generar contenido de alta calidad de manera eficiente. Por ejemplo, en lo que respecta a la edición de imágenes y videos, los programas de edición asistida por IA pueden automatizar tareas repetitivas, como el recorte y la corrección de color. Esta automatización no solo ahorra tiempo a los creativos, sino que también les permite concentrarse en otros aspectos conceptuales de su trabajo.

Adicional, en lo referente a calidad de audio en la postproducción de contenido, es una gran aliada para reducir el ruido, mejorar la claridad de la voz, corregir desviaciones de tono y ritmo, restaurar grabaciones antiguas, eliminar palabras o sonidos no deseados, y mejorar la calidad de la transmisión de audio con solo un clic.

Según los expertos de PGD, el gran reto al trabajar con IA en el ámbito creativo es la definición de autoría y creatividad en este contexto. ¿Quién es el autor cuando la IA desempeña un papel significativo en la creación? “Estamos comprometidos en explorar y establecer directrices sólidas para abordar este tema, considerando ejemplos de derechos de autor, políticas empresariales y restricciones necesarias para equilibrar el uso de las IA. Aún hay mucho por analizar y discutir, por ejemplo, como asegurar que hizo el creador y qué esta tecnología.”, explicó Francisco Rodríguez, Senior Motion Designer-Post Production de PGD.

En sus primeros días, muchas soluciones de IA eran de acceso gratuito, pero a medida que su potencial se materializó, el panorama cambió. Actualmente, la mayoría de las soluciones competentes en la industria son de pago. Esto ha generado brechas en el acceso y en la utilización efectiva de estas tecnologías.

Riesgos actuales y desafíos pendientes

A pesar de que la colaboración con IAs es prometedora, no está exenta de desafíos como: dependencia excesiva, pérdida de originalidad y la disminución de la diversidad creativa. Además, la evolución constante de la tecnología y la falta de regulación presentan dificultades adicionales para los creativos y las empresas.

El uso adecuado y equitativo de la inteligencia artificial radica en la ética profesional de cada individuo, su habilidad para mantenerse informado sobre cuándo y cómo integrar la inteligencia artificial en el proceso creativo, y aprender a utilizarla de manera responsable y equilibrada. La IA debe considerarse una herramienta complementaria, sin caer en la dependencia absoluta de ella. Es necesario recordar que, por ahora, la IA carece de intencionalidad, comprensión humana y emociones, por lo que puede funcionar como una fuente de inspiración y guía, más no debería reemplazar la voz y capacidad de expresión de los profesionales creativos.

“Aún estamos en zona desconocida en un trabajo cooperativo con las IAs, brecha de acceso y cuidado de su uso ante un territorio desconocido, por lo que los profesionales advierten que hay que adentrarse con cautela, respeto y sobre todo buenas prácticas. En PGD visualizamos una realidad donde la IA coexiste con la creatividad humana, impulsando la innovación y abriendo nuevas fronteras”, agregó Luis Escalante, Delivery Director, Tech de PGD.

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Cumbre sobre Seguridad de la IA, primer gran hito de esta tecnología

Cumbre sobre Seguridad de la IA, primer gran hito de esta tecnología

(6 de noviembre, 2023 – Foto oficial del evento). Que hubo acuerdo entre representantes de OpenAI, Google, Microsoft, Anthropic,  Meta y xAI es prueba del éxito de la primera cumbre que busca regular aspectos claves de la IA. ¡La movida esta semana en el Reino Unido fue la Cumbre de Seguridad de la Inteligencia Artificial!

Las grandes empresas tecnológicas se comprometieron a colaborar con los gobiernos en las pruebas de sus nuevos juguetes de inteligencia artificial. La idea es reducir los riesgos asociados a esta tecnología, que según los presentes, podrían ser un verdadero desastre, según dijeron en un comunicado conjunto.

El primer ministro británico, Rishi Sunak, confrimó que Estados Unidos, la Unión Europea y otros países se pusieron de acuerdo con algunas empresas top para testear a fondo estos modelos de inteligencia artificial antes y después de lanzarlos al público. En estas sesiones, estuvieron los representantes de OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, Meta y xAI, quienes debatieron estos temas el jueves pasado.

Para darle más cuerda a esto, convocaron a Yoshua Bengio, un crack canadiense en computación y considerado uno de los padres de la inteligencia artificial, para que haga un informe sobre el «estado de la ciencia». La idea es entender mejor lo que estas tecnologías pueden hacer ahora y centrarse en los riesgos más importantes. Bengio, que ganó el Premio Turing y es parte del Consejo Asesor Científico de la ONU, se va a encargar de armar ese informe. ¡La IA se desarrolla imparablemente!

Hubo conflicto

La movida del gobierno británico es fuerte: armaron un nuevo centro global de pruebas que va a estar instalado en el Reino Unido. La idea es enfocarse en los problemas de seguridad nacional y social, ¡se la juegan totalmente!

China, sí, el mismo país gigante, está en la lista de los 28 países que firmaron la Declaración de Bletchley. Todos estos gobiernos acordaron que las empresas que hacen inteligencia artificial tienen que ser transparentes y rendir cuentas. Además, van a hacer planes para controlar y minimizar los peligros de estos bichos tecnológicos.

Pero ojo, el representante chino no apareció el jueves y no firmó el acuerdo sobre las pruebas. Sunak, el primer ministro, le mandó una invitación a China para la cumbre, y esto armó un revuelo en el parlamento británico. A algunos no les gustó nada que estén tan cerca de colaborar con Beijing, especialmente porque varios países de occidente no están muy de acuerdo en meterse en negocios tecnológicos con los chinos.

Sunak salió a bancar su decisión, argumentando que un tema tan grosso necesita que estén los jugadores más importantes. Además, insiste en que el Reino Unido puede ser el puente perfecto entre los grupos económicos de Estados Unidos, China y la Unión Europea. ¡Están que arden!

Enfrentando los riesgos

La vicepresidenta estadounidense Kamala Harris ya había insistido el miércoles en la necesidad de adoptar un «enfoque más práctico», que no se limite a evaluar los riesgos existenciales. «Hay amenazas adicionales que también exigen nuestra acción, amenazas que actualmente están causando daño y que muchas personas también consideran existenciales», dijo Harris.

La vicepresidenta citó el ejemplo de un anciano que canceló su plan de atención médica debido a un algoritmo de inteligencia artificial defectuoso. También mencionó el caso de una mujer que fue amenazada por una pareja abusiva con fotos modificadas. Hay que trabajar «en todo el espectro», dijo Harris, más allá de las amenazas existenciales sobre ciberataques masivos o armas biológicas.

La clonación de identidad, la conducción autónoma por inteligencia artificial y las campañas de desinformación figuran como otros de los peligros más cotidianos detectados en el desarrollo de esta tecnología. En este sentido, Harris anunció un nuevo instituto de seguridad de inteligencia artificial en EE. UU. Estará orientado a elaborar estándares para probar sistemas de uso público y colaborará con el centro de pruebas de Reino Unido anunciado por Sunak.

China se fue

¡El rollo es que el gobierno británico soltó que las empresas y gobiernos se están activando para crear un nuevo centro de pruebas internacional en el Reino Unido! Y la movida va a estar enfocada en la seguridad del país y la sociedad.

Resulta que China, que es uno de los 28 países que firmó la Declaración de Bletchley, está en la misma onda. Todos estos gobiernos están de acuerdo en que las empresas que se mandan con la inteligencia artificial tengan que ser transparentes y rendir cuentas. También se están armando planes para medir, monitorear y frenar los posibles problemas que se les pueden venir.

Lo insólito es que el representante de China no apareció el jueves y no le puso la firma al acuerdo sobre las pruebas. Esto generó polémica porque el primer ministro británico, Rishi Sunak, lo había invitado a la cumbre, y varios lo criticaron porque no entendía que a varios países de Occidente no les hace gracia trabajar con Beijing en temas tecnológicos.

Sunak salió a defenderse, diciendo que un tema tan clave necesita que estén todos los pesos pesados. Además, insistió en que el Reino Unido podría ser el enlace entre Estados Unidos, China y la Unión Europea en el mundo de la tecnología. ¡La cuestión está candente!

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Imagen: Foto oficial de la Cumbre.

Humor: El Chavot 8.0

Humor: El Chavot 8.0

(4 de noviembre, 2023, E. S. Cribidor). ¿Impresionados por los «chabots», esas aplicaciones de inteligencia artificial como el ChatGPT or el Bard?… hmmm, ¡Seguimos la moda en vez de admirar los clásicos!

Conozcan el Chavot del 8.0 (llamado simplemente «Chavot 8»), dispositivo de inteligencia artificial que sin querer queriendo es el mejor. Microsoft y Google harán lo posible para que tú no sepas esto.

1. Los aparatitos de Gates y Google, en una muestra de adulancia hacen todo lo que le piden los usuarios. / El Chavot a veces se queda dormido o se le olvida y muestra en pantalla el mensaje: «¡Pues al cabo que ni quería!» Más humano imposible.

2. Si el Chabot de los gigantes tecnológicos no produce un resultado por problemas técnicos, reporta: «Falla de programación, volveremos a procesar el dato». / El Chavot solo dice: «Lamento el cliente, señor error».

3. Los aparatos de la «High Tech» llaman todo por su nombre, por ejemplo, al ex presidente de EEUU que están procesando: «Donald Trump»… ¡qué aburrimiento! / El Chavot lo llama: «Tonald Drump» ¡eso se llama lenguaje de quinta generación!

4. Microsoft y Google tienen apps que conversan con el usuario. / Chavot 8 tiene el Ron Damon Chanfle 0.0 que los regaña: “¿Acaso tengo cara de que me importe?”

5. Un chabot de la Hi Tech habla en neolengua: «Input positivo». / El Chavot 8 es directo: «Eso, eso, eso».

6. Un chabot cualquiera consume electricidad y códigos computacionales. / El Chavot 8 come tortas de jamón virtuales. 

7. Si el aparatito de las envidosas Big Tech se descompone, hay que acudir al costoso servicio técnico. / Si el Chabot se descalabra, por lo menos se disculpa: «»Me dio la chiripiorca».

8. Creo que ya intuyen cuál es el slogan de este maravilloso producto: «¡Tenía que ser el Chavot del 8!» Búsquenlo ya, está disponible en todos los sistemas operativos menos conocidos: ChilinAndroid, Jirafapple y las Tiendas Quicosoft.

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Imagen: MM.

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